viernes, 11 de febrero de 2011

Desvelo de una noche...

Eres tú amor...
Eres tú una estrella que ilumina mis noches, 
eres tú mi único capricho sin reproches.
Eres tú amor, es tu risa y es tu voz 
las que acarician mis oídos cada noche.
Eres tú un trocito y medio de luna,
la que atenua con su luz mis sueños...
Me desvelo en la noche y me adentro
en el dulce recuerdo, y recuerdo tu sonrisa,
la cual despierta en mí alegría.
Y recuerdo tus miradas, 
cuando me miras mientras me prestas atención 
y me transmites comprensión.
Recuerdo seguidamente la mirada de cuando 
estamos compartiendo risas, en la cual me transmites
más de tu personalidad, de la confianza
y la felicidad que vivimos en ese momento.
Más tarde recuerdo tu otra mirada...
La de cuando simplemente nos miramos el uno al otro,
con ternura y con deseo, en un momento previo o posterior
a unos abrazos y a unos besos de cariño...


            
                                                                   Sandra Woo.

Desvelo de una noche 1.2

¿Y qué me trasmite esa mirada que no me transmiten las demás?
Los sentimientos de tu corazón.
La ternura y dulzura con la cual me estás mirando.
Las palabras que dicen tus ojos; pero no tu boca;
y la respuesta de los míos... Ainss...
Eres tú y lo se.
Y salgo del recuerdo para imaginar,
dejar volar mi imaginación y por un momento
creer que todo o que veo es real.
Y aparece como paisaje un parque,
un parque cubierto por la sombra de la noche,
e iluminado únicamente por un rayo de luz de luna,
pero no un rayo cualquiera, no,
un rayo de luz de luna azul.
Es un momento mágico, y apareces tú.
Yo me encuentro sentada en un banco,
asombrada por el color y la intensidad que tiene
la luz de la luna.
Apareces y me ofreces tus manos, me levantas.
Entonces me dices: -Ven, vamos a dar un paseo-.
Caminando entre los árboles, en un camino que
rodea a un lago, compartimos unos momentos de recuerdos,
de aquellos momentos en los que nuestras falsas peleas
eran motivo de risa.
Y con risas le ponemos sonido a la noche.
Ahora, te digo:
-Me gustan tus ojos por la noche, brillan más que otros días-.
A lo que tú me contestas:  
-A mí me gustan mucho tus ojos ESTA noche-.
Me quedo asombrada por el tono en que resaltas
la palabra "ESTA", y te pregunto: -¿Y porqué ésta?,
a lo que tú me contestas:
-Porque hoy tienen tus ojos un brillo especial-.
Mi corazón late más deprisa y mi cabeza baja despacio,
haciendo un gesto de vergüenza.
Cuando vuelvo a levantar la cabeza y miro tus ojos,
tu mirada se clava fijamente en los míos, y sonreímos.
Entonces te pregunto:
-¿Por qué crees que tienen un brillo especial?-.
Y tú me dices: -No sé, dímelo tú-.
Me quedo por unos instantes pensando, a la vez
que te miro, y te respondo:
-Quizás sea porque tengo muy buena compañía-.
Me asientes y me dices : -Sí, seguramente puede que sea eso-.
Sin decirnos nada, el momento nos incita a que nos demos un
tierno abrazo.
Tus fuertes brazos rodeándome, y mi cabeza apoyada en tu pecho,
escuchando latir tu corazón, y te pregunto:
-¿Por qué te late el corazón tan fuerte?-.
Me miras, tiemblas, y dices:
-Será porque estás tú aquí mu abrazadita conmigo-.
Una vez recogida mi alma, que se cae al suelo
al escuchar esas palabras de tu boca, y en semejante momento,
sólo atino a responderte con un:
-¿De verdad crees que será eso?-.
Y tu respuesta: -Puede ser que sea, ¿no?-.
Entonces es cuando nos separamos un poco,
se escuchan unos suspiros, y me acerco a ti,
despacio, y despacito te doy un tierno beso
en la cara, y me despego lentamente.
Te miro a los ojos, me miras y me acerco a ti.
Siento que mi corazón va muchísimo más deprisa
que antes, y no puedo frenarlo.
Siento frío, a la vez calor, me tiembla el cuerpo
y tú estás en frente.
Te acercas despacio, me agarras por la cintura
y muy lentamente acercas tu boca a la mía,
hasta el punto en que ¡por fin!,
tus labios besan ¡al fin! los míos.
Es como un volcán dentro de mí,
-¡¿Es cierto esto?!, ¡¿De verdad está pasando?!.
La noche, la brisa fresca que roza nuestros cuerpos
en ese justo momento, y el calor de los mismos
consumiéndose mutuamente...
¡Es como si hubiese una bomba dentro de mí!
¡¡Y no puedo creerlo!!.
Nos separamos aún con los ojos cerrados,
por el miedo a si hemos cometido un error o no.
Nos miramos fijamente a los ojos durante un minuto
aproximadamente, como si quisiéramos comprobar
que a quien has besado, soy yo, y quien me ha besado,
eres tú.
Nos quedamos sin palabras y nos damos un fuerte
abrazo.
No sé si es lo que pega aquí o no, pero da igual,
se lo voy a decir.
Cojo tus manos, te miro fijamente, y te digo:
 -Te quiero...-







                                                                                                            Sandra Woo.